Adios

Adiós

Sus pies pegados al andén le hacían sentir todo el frío de la mañana. Notaba cómo su cuerpo se transformaba en estatua de piedra. Tal era el hielo que se apoderaba de ella que ni los guantes de piel ni el pañuelo conseguían retener la pizca de calor que quedaba en su cuerpo aterido.

Vio como su amante subía al tren sin volver la cara, sin un adiós con la mano, sólo su espalda.

Lo vio sentarse y mirar por la ventana, pero su vista estaba perdida, ¿qué miraba? Daba igual. Desde ese momento lo envolvió la niebla del olvido.

Sólo habían podido estar juntos unas horas. En el último tramo de su corta travesía, sus egos infantiles les jugaron una mala pasada.

Discutieron cuando querían abrazarse, se recriminaron lo que no había tiempo para aclarar y se separaron sin haber podido intercambiar una palabra de amor, de perdón o un recuerdo de amistad.

El tren partió. No recuerda cómo cruzó las vías ni de qué manera llegó a su casa. Todo quedó envuelto en el frío manto del pasado.

Adiós, hasta Dios. En Él se encontrarán si maduran y se enfrentan a sus fantasmas.

                                                                      Elisa

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About elichenca

Soy una persona tranquila, me gusta salir a pasear por el campo, hacer fotografías, montar en bicicleta, nadar. Una de mis aficiones es la lectura, y me gusta escribir. Me gusta reunirme con los amigos para charlar tranquilamente al amor de la lumbre, si no hay lumbre, cualquier otro sitio es bueno. Me gusta pensar que dentro de mi hay un eje diamantino, que hace que me mantenga firme y erguida para que cualquier cosa que sobre mi caiga, no me haga tambalear. Esta es una idea de Ángel Ganivet, que leí hace mucho tiempo, me ayuda en el diario vivir. Elisa
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2 Responses to Adios

  1. emiddcc dice:

    Hola Elisa: Un relato triste pero que es un fiel reflejo de la vida cotidiana. ¿Cuantas personas se han visto obligadas a pasar por momentos como el que tu relatas??. Deberiamos intentar ser más consecuentes y menos egocentristas, de ese modo, nos evitariamos tener que vivir ciertos momentos no deseados. Un abrazo.

  2. Elisa, tus palabras son como tú: ¡MARAVILLOSAS, FANTÁSTICAS! Es una historia que entristece. Hace unos pocos minutos te comenté que: “Por cada minuto de enfado, perdemos sesenta segundos de felicidad”. El ser humano, por naturaleza, es un animal orgulloso que no da su brazo a torcer fácilmente, pero tu historia es idónea para dar a entender que no ganamos nada enfadándonos y que, por el contrario, perdemos muchas cosas importantes.
    Me encantó tu historia y, en general, me encanta todo lo que escribes. Gracias por todo.
    Un saludo y espero verte muy pronto.

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