Decrecimiento

Generar valor y felicidad, reduciendo
la utilización de materia y energía

Decrecimiento:

Camino hacia la
sostenibilidad
Pepa Gisbert Aguilar

Pepa Gisbert, bióloga y miembro de
Ecologistes en Acció del País Valencià

Cuando parece socialmente aceptada
la grave crisis ambiental a la
que estamos sometiendo a nuestro
entorno, el desarrollo sostenible
resulta la receta mágica que nos
permitirá seguir viviendo como lo hacemos
sin hacer daño al planeta.
Pero, ¿esto es posible? Los avisos del
Club de Roma en 1972 sobre los límites
del crecimiento parecieron exagerados a
algunos, pero lo cierto es que fue el primer
aviso: un crecimiento económico continuo
no es factible en un planeta limitado.
Ha llovido mucho desde entonces, este
informe se ha actualizado 20 y 30 años
después y las tendencias parecen confirmarse,
estamos en una situación ecológica
realmente delicada.
El informe Brundtland en 1987 y más
tarde la Cumbre de Río en 1992 lanzaron
el término desarrollo sostenible como un
camino que permitía seguir avanzando y
a la vez respetar los límites ambientales.
Algunos autores ven desde su inicio que
el desarrollo sostenible está sirviendo para
mantener la fe en el crecimiento en los
países industrializados [1], otros detectan
que se trata de una conjunción imposible:
el desarrollo nunca podrá ser sostenible.
Así, según Ernest García llega un punto en
que el desarrollo ya no aporta más beneficios
y se vuelve perjudicial. El “concepto
de desarrollo sostenible es científicamente
inconstruible, culturalmente desorientador
y políticamente engañoso” [2].
La realidad es que el uso del término
sostenible se ha generalizado, se aplica ahora
a cualquier proyecto, aparece cada vez
con más frecuencia en boca de gestores,
políticos, constructores, profesores… Vacío
de contenido, el inicialmente bienvenido
desarrollo sostenible, empieza a quedar escaso
para definir la respuesta al reto frente
al que nos encontramos.
Mientras todo esto ocurre, seguimos
recibiendo datos alarmantes sobre el devenir
de nuestro planeta y “las tendencias
en nuestra sociedad actual caminan en
sentido contrario: un nivel de consumo
en continuo aumento, una diferencia cada
vez más grande entre los países desarrollados
y los países empobrecidos… (en 1960
la brecha entre el 20% más rico y el 80
% más pobre del planeta era de 1 a 30,
mientras que ahora es de 1 a 80)” [3].
“Algunos datos sobre la huella ecológica
resultan muy ilustrativos: desde el año
1990 estamos viviendo por encima de la
capacidad de carga del planeta. En el año
2003, debido al crecimiento económico,
se superó la capacidad de regeneración
del planeta en un 25%” [4]. Los países del
Norte vivimos derrochando los recursos
que la naturaleza conservó durante millones
de años, haciendo disminuir cada
vez más la biodiversidad e impidiendo el
acceso igualitario de la población a estos
bienes. La crisis ecológica se hace patente
en el agotamiento de los recursos naturales
(materias primas y combustibles fósiles),
en la destrucción y fragmentación de los
ecosistemas y en el desbordamiento en
cuanto a niveles de contaminación de los
sumideros; al ritmo de consumo actual
nos queda petróleo para 40 años, uranio
para 70… y los efectos globales de la contaminación
cada vez son más alarmantes:
cambio climático, etc.
No hay futuro en el crecimiento
Pese a ello la sociedad sigue impermeable a
la realidad evidente: vivimos en un mundo
finito, en el cual la falacia del crecimiento
continuo es imposible. No hay camino en
el crecimiento y cuanto antes nos demos
cuenta de ello, mejor. Es importante conseguir
que se entienda el mensaje, evitar
que se pervierta el lenguaje, intentar que
no se nos utilice para seguir manteniendo
esta absurda huida hacia delante.
Es en este contexto de emergencia
planetaria en el que cobra sentido hablar
de decrecimiento. Y en esta situación cabe
preguntarse si el decrecimiento puede ser
un nuevo paradigma para el movimiento
ecologista.
La palabra decrecimiento parece más
adecuada que el término desarrollo sostenible
porque su significado es claro: sólo
hay un camino posible, vivir con menos,
y el reto está ahora mismo en “vivir mejor
con menos” [5]. El futuro está por hacer y
es urgente cambiar ese imaginario común
en el que los que vivimos con todos los
lujos deseamos más y los que no los tienen quieren ser como nosotros.

No es posible el crecimiento continuo en un planeta limitado. Cada vez es más claro que estamos superando muchos límites
ambientales, por lo que la única estrategia que parece viable a medio y largo plazo es la del decrecimiento. No hablamos
de un concepto en negativo, sería algo así como cuando un río se desborda y todos deseamos que ‘decrezca’ para que las
aguas vuelvan a su cauce. Cuanto antes seamos conscientes de la necesidad de desprendernos de un modo de vida inviable,
mejor para todos y para el planeta.

El articulo es más extenso, a quien le interese puede buscarlo.
Elisa

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About elichenca

Soy una persona tranquila, me gusta salir a pasear por el campo, hacer fotografías, montar en bicicleta, nadar. Una de mis aficiones es la lectura, y me gusta escribir. Me gusta reunirme con los amigos para charlar tranquilamente al amor de la lumbre, si no hay lumbre, cualquier otro sitio es bueno. Me gusta pensar que dentro de mi hay un eje diamantino, que hace que me mantenga firme y erguida para que cualquier cosa que sobre mi caiga, no me haga tambalear. Esta es una idea de Ángel Ganivet, que leí hace mucho tiempo, me ayuda en el diario vivir. Elisa
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