Se ha perdido el sentido de intimidad

Esta mañana del día 21 de Febrero, tenía que pasar unas horas esperando a que hiciesen una radiografía de rodilla a mi marido, por motivos nada importantes. Como siempre que debo tener paciencia y estar relajada, saqué mi libro y mi botella de agua, con esto ya me las pueden dar todas seguidas, que yo ni me inmuto.
Al cabo de un rato de lectura noté que me estaba poniendo nerviosa y molesta que empezaba a no parar en la silla, como si el trasero se me hubiese puesto picudo. Aparté la mirada del libro, escuchando atentamente a ver si podía apreciar con los sentidos de la vista y el oído lo que estaba pasando; y lo que pasaba era que a mi lado había un señor al que antes no había visto, aunque estaba allí cuando yo llegué porque el soniquete de su voz latía en mi cerebro, no soltaba el teléfono movible, después de una llamada hacia otra y otra, o le llamaban a él; tenia sobre sus rodillas un ordenador portátil, manejable, ligero. Una vez que supe qué era lo que interrumpía mi concentración en la lectura, volví a meterme en ella y conseguí aislarme por otro cuarto de hora más o menos, pero la elevada voz de dicho señor ante la reclamación de un contrato que debía estar en la mesa de la comunicante, al otro lado de la línea, y que por lo visto no aparecía, hicieron que me entraran ganas de darle mi apoyo y salir yo misma a buscar el dichoso contrato, las voces de ambos se alteraban, por eso se que su interlocutora era mujer, se oía perfectamente a los dos.
Parece ser que el contrato apareció y retornó la calma por no más de diez minutos, durante los cuales el señor estuvo tecleando en el ordenador, hasta que el teléfono volvió a sonar y en esta ocasión era un cliente que reclamaba una mercancía que ya debería estar en sus almacenes y que no había llegado, la persona que llamaba no mostraba impaciencia excesiva pero exigía que se cumpliera lo prometido a la hora de hacer el pedido. No podía más, en serio suelo aislarme muy bien, con mucha facilidad, pero me resultaba imposible. Claro que no era solo él el que mantenía conversaciones, ordenador sólo tenia él, pero teléfono movible eran media docena más, cada uno con sus historias particulares que nos estaban contando a todos los presentes con buen tono de voz, como si talmente nos enseñaran sus calzoncillos o enaguas, que señoras también había con teléfonos parlantes.
En fin que mi meditación era: ¿es tan necesario este ritmo de vida que se nos impone? ¿Nos estaremos volviéndonos locos?, se lo pregunto yo que estoy a favor de todo lo nuevo de todo lo que se invente para mejorar el mundo, para mejorar las comunicaciones, para facilitar la unión y el acercamiento entre personas; que las nuevas tecnologías me apasionan, en fin que ruego por que se dé el progreso progresivo y en un avance que nos lleve lejos, a todos no a unos pocos, que todos los seres del planeta se beneficien de todo, no unos pocos privilegiados. Pero…
Me pregunto, me lo pregunté después de dos horas cuando este buen señor de ordenador  movible, recogió sus prendas se puso su abrigo y bufanda, que fuera hacia tres grados, y se fue con la música a otra parte ya que allí debía haber acabado, pero ni recogió a familiar alguno ni nadie preguntó por él, lo que me hizo pensar que quizá era un buen sitio, caliente y con mucha luz, tiene unos grandes ventanales esa sala de espera… bueno no voy a ser mal pensada, no era un sitio muy agradable, para eso es mejor la sala de espera del tren, digo yo, que no lo sé. ¿Creen que nos estamos volviendo locos, o bien que los que no pasamos nuestro tiempo de espera haciendo gestiones con móvil en mano y ordenador en rodillas estamos atrasados? ¿Creen que el mundo va muy deprisa y que los que vamos lentos, en uno de esos virajes tan rápidos, podemos ser despedidos y nos tengamos que ver (cual astronauta que se soltó de la nave), flotando por el espacio sin tierra que pisar?

Como no tenía contestaciones para estas cuestiones, en ese momento tomé el libro dejado sobre mis rodillas y continué con la lectura, no crean que no me gusta una de esas “tabletas” (Tablet, Ebook, etc) que guardan cientos de libros dentro de ellas y no abultan más que una pizarra de aquellas que llevábamos al colegio allá por los años 50 del siglo XX.
Como les decía me gustan las nuevas tecnologías y los avances pero por desgracia no están al alcance de todo el mundo, por otro lado el placer que me proporciona tener un libro entre las manos es tan grande que de momento no lo cambio por otro.
Esto es lo que les quería contar hoy.
Mis saludos cariñosos. Elisa

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About elichenca

Soy una persona tranquila, me gusta salir a pasear por el campo, hacer fotografías, montar en bicicleta, nadar. Una de mis aficiones es la lectura, y me gusta escribir. Me gusta reunirme con los amigos para charlar tranquilamente al amor de la lumbre, si no hay lumbre, cualquier otro sitio es bueno. Me gusta pensar que dentro de mi hay un eje diamantino, que hace que me mantenga firme y erguida para que cualquier cosa que sobre mi caiga, no me haga tambalear. Esta es una idea de Ángel Ganivet, que leí hace mucho tiempo, me ayuda en el diario vivir. Elisa
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