El fin es el principio

Esta mañana había tenido mucho trabajo, el teléfono no paraba de sonar, el jefe estaba de humor intransigente, mis compañeros tenían las mesas llenas de papeles desordenados y el ordenador echando humo. Tengo dos compañeras que tienen sus mesas a mi derecha e izquierda, y un ayudante que se sienta a una mesa que ocupa el lado izquierdo de un gran ventanal que mira a la plaza en la que está el edificio en cuyo segundo piso se halla la oficina en la que trabajo; hay mañanas que el gran balcón permanece abierto dejando entrar los rayos solares o los olores que nos indican la hora del día, si a café si a tortilla…Pero esta mañana el balcón permanecía cerrado porque los nervios del jefe se descolocan fácilmente y la música que la brisa producía rozando la balaustrada, era para él insoportable. Una pena porque se esperaba lluvia y las gotas al caer siempre avivan el olor a rosas del cercano jardín.

Cuantos más nervios hay a mi alrededor más tranquila estoy, pausadamente fui resolviendo mis tareas y no dejé que el trabajo me espantase, nunca tengo prisa porqué la jornada termine, nadie me espera en casa.

El tiempo pasó, recogí mis cosas y me despedí hasta mañana.

Al salir a la calle llovía con intensidad, como hacía tiempo que no veía descargar un nublado, corrían riachuelos por las baldosas de la plaza y algunos charcos semejaban balsas, cuando era pequeña saltaba en todos los charcos que me encontraba de camino a casa, mojándome hasta los huesos, sin importarme la regañina que me llevaría, parece que estoy viendo a mi madre enfadada por haberme puesto “como una sopa”. No llevo nada para protegerme y no me importa, dejo que la lluvia caiga sobre mi cabeza y resbale por mi, me gusta la lluvia, su olor, su color y la música que desprende al caer.

He llegado a mi hogar y tras tomar un plato de sopa caliente, estoy planteándome escribir algo que hace tiempo me ronda por las ensoñaciones del despertar, cojo pluma y cuaderno y así resuelta, me dispongo a escribir un relato.Sin dejar que me intimide la hoja en blanco, esa hoja inmaculada que me mira con descaro, a pesar de saber que las hojas no hablan, tengo miedo , falta de confianza y ningún deseo de enfrentarme a un fracaso; lo que ocurre es que… ¡Lo tengo decidido, voy a escribir! Lo llevo dentro, en mi bullen mil ideas, quiero contar, quiero expresar y nada me impide hacerlo, yo daré forma al relato pero a su vez él relato me conformará, moldeará a la persona que debo ser, mi vida simple y aburrida me indica que realmente no hago lo que quiero, lo que me gusta y puede darme felicidad. Hay otro mundo más allá de la oficina de mi tranquila casa.

Abro la ventana y el fresco de los pinos con la dorada resina, inunda mis sentidos, cierro los ojos y dejo que salga lo que quiera que tenga el capricho de aparecer dese la punta de mi pluma hasta la presumida hoja blanca.

“Llevaba caminando dos días, no sabía dónde iba, cargaba con una mochila a sus espaldas, en la mano una gran maleta y una especie de faltriquera a la cintura, quería llevarse todo lo que le gustaba: sus discos, sus fotos, los libros que amaba, no quería que nada de lo importante para él se quedara atrás, caminaba así cargado, empujado por un afán de salir, más bien de huir del sitio en el que estaba pero no sabía cuál era la causa, solo que tenía que caminar al frente sin apartarse del camino, fuera donde fuese que este le llevaba.

No veía a nadie conocido a su alrededor, todas las personas con quienes se encontraba eran anónimos para él y tampoco conocía los lugares por los que pasaba, pueblos, granjas, ríos y valles, en los que nunca había estado. Paraba a comer porque recordaba que debía hacerlo y descansaba en las horas oscuras, se trasladaba con la luz y una idea fija le empujaba a seguir avanzando.

En un principio eran algunas personas las que como él caminaban con sus pertenencias a cuestas, según pasaban los días eran más y muchas más las que se iban juntando al camino. Todos huían, era una locura, ninguno hablaba, como si una película muda estuviera pasando delante de su vista, asombrado pero no asustado, dentro tenía un determinación que lo empujaba a seguir adelante, en la misma dirección, los demás parecían seguirlo como si supiera a donde ir.

Lo peor de todo era el camino que que hacía más empinado y apremiante la prisa, lo que suponía que la carga pesaba mucho más. El olor del aire cada vez era más gris, la marcha más costosa y el miedo imperioso, algo les estaba pisando las huellas.

Decidió que lo que llevaba en la maleta no era necesario y la abandonó al borde el camino donde se veían botas, aparatos de música, guitarras y miles de objetos que alguien decidió que no le resultaban necesarios.

Siguió remontando, viendo por todas partes a los que tiraban de sus bártulos sin apenas fuerzas; pensó que los discos pesaban y la mochila quedó abandonada a su suerte.

Los mares desbordados devastaban todo lo que a su paso encontraban, sin dejar piedra sobre piedra,  el mundo conocido quedaba anegado. Ya ni la bolsa de la cintura con los documentos que portaba, le serían de estorbo, despavorido sin saber qué es lo que pasa, sube el último repecho vencidas al límite sus fuerzas, como los que le rodeaban, sin nada.

Al clarear el día llegó a la cima de la más alta montaña y pudo comprobar que el mar arrasaba lo que había sido la tierra conocida y solo quedaba agua, distinguió a lo lejos los picos de otras montañas en los que otros seres vencedores de las aguas, despojados de lo que el mundo tenía como señal de importancia, libres de equipaje, miraban la nueva alborada del primer amanecer. Aquí estaba él  allá estaban ellos, a la vista pero no al alcance, separados por océanos de agua. La vida no sigue, pensó, es un nuevo mañana para la humanidad.

No existe la barca todavía, y aun es pronto para inventarla”

¿Es posible que me haya quedado dormida? Se ha hecho muy tarde y mañana madrugo. Noto mis fuerzas renovadas, mis esperanzas retoñadas y la confianza inédita.

¿Abriremos hoy el balcón para escuchar la vida? Lo veremos.

Elisa

01-03-2018

 

 

 

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About elichenca

Soy una persona tranquila, me gusta salir a pasear por el campo, hacer fotografías, montar en bicicleta, nadar. Una de mis aficiones es la lectura, y me gusta escribir. Me gusta reunirme con los amigos para charlar tranquilamente al amor de la lumbre, si no hay lumbre, cualquier otro sitio es bueno. Me gusta pensar que dentro de mi hay un eje diamantino, que hace que me mantenga firme y erguida para que cualquier cosa que sobre mi caiga, no me haga tambalear. Esta es una idea de Ángel Ganivet, que leí hace mucho tiempo, me ayuda en el diario vivir. Elisa
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2 Responses to El fin es el principio

  1. choni dice:

    Mucho tiempo sin entrar por tu pagina, ha merecido la pena volver hacerlo para leer, lo último que has escrito, “El fin es el principio” Como bien sabes todo lo que escribes me gusta, porque haces fácil la lectura y la comprensión . Importante para que la lectura enganche y sea agradable el seguimiento de todas ellas. Y así lo he sentido aquí con lo que he leído. Enganche, curiosa en el seguimiento, como nos enseña a quedarnos con lo prioritario, dejando atrás cosas poco necesarias. Siento lo de la barca, por ver que había en el otro lado. Aquí la vida si sigue, afortunadamente, para seguir leyendo aquello que escribas, con el mismo interés que lo hice yo hoy. Felicidades por hacerme pasar un buen rato. Animo esperamos el siguiente.

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